Lema del curso 2013-2014

lema

A lo largo los últimos cursos nos hemos fijado en dos momentos muy importantes de la vida de María: la Anunciación y las Bodas de Caná. A través de ellos descubrimos cualidades tan importantes como la escucha, la atención a las necesidades de los otros, la presencia constructiva… este año abrimos el evangelio de Juan y vemos a María en otro momento trascendental:

Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María de Cleofás y María Magdalena. Jesús, viendo a su madre y al lado al discípulo predilecto, dice a su madre: —Dona, aquí tienes tu hijo. Después dice al discípulo:

   – Ahí tienes a tu madre.

Y desde aquel momento el discípulo la llevó a su casa.

(Juan 19, 25-27)

Cuando contemplamos la escena de María y Juan al pie de la cruz, quizá no la relacionamos en un primer momento con la fortaleza. Cualquiera de nosotros en semejante situación nos sentiríamos muy endebles. ¿Cómo se puede estar en el lado de un amigo o un hijo que está sufriendo tanto? ¿Dónde está la fortaleza de Jesús que está a punto de morir?

Hay un gran contraste entre esta escena y la que a menudo nos transmiten los medios de comunicación como «Ser fuertes»: vencer, chafar, luchar, ganar y gastar mucho dinero para uno mismo, acaparar, menospreciar a quien no piensa como yo… hay muchos ejemplos en la ficción, y tristemente en la realidad.

Durante este curso vamos a tratar de poner en práctica el verdadero valor de la fortaleza, la que está en nuestro interior. Es la fortaleza de María y Juan al pie de la cruz. Ellos son fuertes para que:

  • No abandonan a Jesús como hicieran muchos.
  • A pesar de las dificultades no pierden la esperanza.
  • Como dijo el ángel en la Anunciación: «No tengas miedo… para Dios no hay nada imposible«, María encuentra fuerza en estas Palabras.
  • María le dijo a los sirvientes en las bodas de Caná: «Haced lo que Él os diga»; y ahora al pie de la cruz, ella y Juan escuchan lo que Jesús los dice.
  • La unión les hace más fuertes, porque desde aquel momento Juan acoge a María en su casa, fue para él una Madre, y él fue para ella un hijo.»

No es cuestión de músculos, la fortaleza es confiar, mantener la fe como María. Así podremos ver el mundo de otra manera y ser una ayuda los unos para los otros.

El curso 2013-2014 es una oportunidad para que nuestro colegio se haga más fuerte: transmitiendo a los alumnos la convicción de que «Unidos somos fuertes», por eso tiene sentido más que nunca que cuidemos nuestra convivencia, que demostramos respeto e interés por todas las personas, dentro y fuera de las aulas, sean de la edad que sean; que nos unimos además en la cuidado de las instalaciones y los materiales del colegio, porque es nuestra segunda casa y queremos sentirnos a gusto en él.

Este curso puede ser excelente para todos si nos unimos en el esfuerzo de aprender, dispuestos también a aprender de los errores, y no rendirnos cuando venga el cansancio, porque nos animaremos unos a otros a superarnos.

Nuestra comunidad educativa unida hace realidad el Espíritu de Familia. Somos la Familia de María. Jesús nos ha regalado su Madre y ella nos acompaña. Los alumnos, los profesores, padres y madres, personal de administración y servicios, las religiosas marianistas seremos más fuertes en la medida en que tengamos presente al realizar nuestras responsabilidades que contamos con la presencia de María; haciendo las cosas a su modo acogemos a Jesús y construimos el Reino, el mundo que Dios quiere.peces

Según palabras de Esopo: «La unión nos hace tan fuertes como endebles la desunión«. La unión es el secreto que nos hace fuertes y capaces de superar imposibles montañas. Pero la unión no consiste en estar las personas juntas; estas deben coordinarse para dar lugar al grupo, el equipo, que será más sólido cuanto más fuertes sean los vínculos que unen a cada uno de los hombres y mujeres que lo forman.

diferenciaY para conseguir esta fortaleza hace falta un buen adhesivo, que en materia de relaciones entre personas, no es otro que la acogida, el entendimiento, la confianza, la aceptación de los unos a los otros como somos, la colaboración y no la competencia para afrontar cualquier problema como un asunto común aún cuando nada más parezca afectar a uno, y finalmente entender que como personas que somos tenemos mucho más en común que de diferente.

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